BIENVENIDOS A NUESTRO BLOG



¡BIENVENIDOS A NUESTRO BLOG!



Un espacio para compartir las actividades que realizamos unos cuantos locos por la lectura.



lunes, 14 de febrero de 2011

Día de los enamorados:

Porque quiero tu cuerpo ciegamente,
tu belleza plena,
porque busco ese hueco, esa cadera de abismos
que arrastra mi deseo,
porque quiero tu ser y lo persigo a través de la sangre
y la nada.
Porque quiero morir en ti, alardeo.

jueves, 3 de febrero de 2011

PRESENTÁNDOME A DON QUIJOTE DE LA MANCHA

Yo, señor"Caballero de la Triste Figura", soy mujer mas no doncella, nacida en tierras de Castilla, por más decir, en la ciudad de Palencia. Juliana, hágome llamar por ser propio de esta industria. Mi economía es holgada mas no ostentosa. Paso mis días con mi esposo e hijos(siendo uno jocobino mozo de veintidos años y la otra inquieta doncella de veinte primaveras) y algunos queridos amigos. Son mis deberes el gobierno de mi casa y de mi hacienda, que en este nuestro siglo es sabido y comprobado tener la mujer concierto y tiento para ello. Tengo hasta cuarenta y nueve docenas de libros; cuales de novelas, cuales de poesía, de historias algunos, de biografías otros, unos pocos diccionarios y siete u ocho de filosofía; los de entendimiento escaso no encuentra hueco en mis estantes. Son mis divertimentos: la lectura de mis libros, la plática con mi esposo e hijos, los encuentros con mis amigos e ir a una estancia o sala donde se ve ¡Alto de maravilla o encantamiento!, un nuevo entretenimiento que es llamado cinematógrafo. No es mi condición el conocer parajes de otros; ni me entretengo en escuchar a quienes pregonan vida ajena. No soy cautiva del clero, es mi creencia o no creencia agnóstica. Mas no más os digo.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Cervantes, divierte, enseña y deleita. Nos permite asistir a un espectáculo con una sonrisa.
He recogido algunas, entre las muchas “perlas” que encierra el Quijote.

Yo soy contento de esperar a que ría el alba, aunque yo llore lo que ella tardare en venir.
Yo soy aquel para quien están guardados los peligros, las hazañas grandes, los valerosos fechos.

No puede ser que haya caballero andante sin dama, tan natural es a los tales ser enamorados como al cielo tener estrellas.
Sin amores, el caballero andante es árbol sin hojas y sin fruto y cuerpo sin alma.

Yo soy loco, loco he de ser hasta tanto que tú, Sancho, vuelvas con la respuesta de una carta que contigo pienso enviar a mi señora Dulcinea.

Éste es el lugar, ¡oh cielos!, que disputo y escojo para llorar mi desventura. Éste es el sitio donde el humor de mis ojos acrecentará las aguas de este pequeño arroyo, y mis continuos y profundos suspiros moverán a la continua las hojas de estos montaraces árboles, en testimonio y señal de la pena de mi asendereado corazón padece.
Aquí encaja la ejecución de mi oficio: deshacer fuerzas y socorrer y acudir a los miserables.

Dios hay en el cielo y no es bien que los hombres honrados sean verdugos de los otros hombres no yéndoles nada en ello.
Siempre, Sancho, lo he oído decir, que el hacer bien a villanos es echar agua a la mar.

Cuando la cólera sale de madre, no tiene la lengua padre, ayo ni freno que la corrija.
No hay memoria a quien el tiempo no acabe, ni dolor que muerte no le consuma.
Siempre deja la ventura una puerta abierta en las desdichas para dar remedio a ellas.

Te hago saber, Sancho, que hay dos maneras de linajes en el mundo: unos que traen y derivan su descendencia de príncipes y monarcas; otros tuvieron principio de gente baja y van subiendo de grado en grado.
Quien es pobre no tiene cosa buena. Esta pobreza la padece en sus partes. Ya en hambre, ya en frío, ya en desnudez.

La valentía que no se funda sobre la basa de la prudencia se llama temeridad, y las hazañas del temerario más se atribuyen a la buena fortuna que a su ánimo.           

Entre los pecados mayores que los hombres cometen, aunque algunos dicen que es la soberbia, yo digo que es el desagradecimiento, ateniéndome a lo que suele decirse: que de los desagradecidos está lleno el infierno.

Es menester, Sancho, hacer diferencia de amo a mozo, de señor a criado y de caballero a escudero. Así que desde hoy en adelante nos hemos de tratar con más respeto, sin darnos cordelejo.
Para todo hay remedio, sino para la muerte.

¡Aquí fue Troya!, ¡Aquí mi desdicha, y no mi cobardía, se llevó mis alcanzadas glorias, aquí usó la fortuna conmigo de sus vueltas y revueltas, aquí se oscurecieron mis hazañas, aquí finalmente cayó mi ventura para jamás levantarse!


miércoles, 26 de enero de 2011

¿Quién llamó simplicidades las ocurrencias de Sancho Pancha?
Mirad algunas, entre las incontables “lindezas” del personaje, que he recopilado en el Quijote

Labrador soy, Sancho Panza me llamo, casado soy, hijos tengo y de escudero sirvo.
Los escuderos de los caballeros andantes estamos sujetos a mucha hambre y a mucha ventura, y aún a otras cosas que se sienten mejor. ¡Así se me vuelvan las pulgas de la cama! Pues a fe mía que no sé leer.
Yo soy caritativo de mío y tengo compasión por los pobres
Tan gentil temeroso soy yo de Dios como cada hijo de vecino.

Tanta alma tengo yo como otro y tanto cuerpo como el que más, y tan rey sería de mi estado como cada uno del suyo: y siéndolo, haría lo que quisiere; y haciendo lo que quisiere, haría mi gusto; y haciendo mi gusto, estaría contento; y en estando uno contento, no tiene más que desear, acabose, y el estado venga, y a Dios y veámonos, como dijo un ciego a otro.

Quiero que sepáis, amigos, que la gente baldía y perezosa es en la república lo mismo que los zánganos en las colmenas, que se comen la miel que las trabajadoras abejas hacen.

Si hablo mucho, más procede de enfermedad que de malicia; mas quien yerra y se enmienda, a Dios se encomienda.
Soy quien “júntate a los buenos, y serás uno de ellos”, y yo soy de aquellos “no con quien naces, sino con quien paces” y de los “quien a buen árbol se arrima buena sombra le cobija”.

Más aunque pobre, soy cristiano viejo y no debo nada a nadie, y si ínsulas deseo, otros desean cosas peores, y cada cual es hijo de sus obras; y debajo de ser hombre puedo venir a ser papa, cuanto más gobernador de una ínsula.

Así que, yendo días y viniendo días, el diablo, que no duerme y que todo lo añasca… más vale salto de mata que ruego de hombres buenos.
¡Oh sol, con cuya ayuda el hombre engendra al hombre!, a ti digo que favorezcas y alumbres la oscuridad de mi ingenio.

Érase que se era, el bien que viniere para todos sea, y el mal, para quien lo fuere a buscar.
Tiene el miedo muchos ojos y ve las cosas debajo de la tierra, cuanto más encima del cielo.
Yo soy hombre pacífico, manso, sosegado. Retirémonos con gentil compás de pies, y, como dicen, váyase el muerto a la sepultura y el vivo a hogaza. Que quien busca el peligro perece en él.
El retirar no es huir, ni el esperar es cordura, cuando el peligro sobrepuja a la esperanza.
Bien predica quien bien vive, y yo no sé otras tologías.
Antes se toma el pulso al haber que al saber.
Más vale un toma que dos te daré.
No son todos los tiempos unos, ni están los hombres siempre de un mismo humor.
¡Cuerpo de mí! ¿Tan encubierta estaba la causa de mi dolor, que ha sido menester decirme que me duele todo aquello que alcanzó el palo? El mal ajeno de pelo cuelga.
Una golondrina sola no hace verano.
Para preguntar necedades y responder disparates no he menester yo andar buscando ayuda a vecinos.
Yo confieso que para ser del todo asno no me falta más de la cola.

martes, 25 de enero de 2011

ORÍGENES DE LOS LIBROS DE CABALLERÍAS

Los libros de caballerías son unas narraciones en prosa, generalmente de gran extensión, que relatan las heroicas aventuras de un hombre extraordinario, el caballero andante, quien vaga solo por el mundo, luchando contra toda clase de personas o monstruos y por unas tierras lejanas y exóticas casi siempree. Otras veces, al mando de un ejército, vence ejércitos de paganos o de naciones extrañas. Esta especie de superhombre, por lo común, lucha contra el mal, pero su afán por la aventura es también una necesidad vital y un anhelo por demostrar al mundo su valía. Su vida está llena de sacrificios que son ofrecidos a una dama, para poder conseguir su amor.
Este tipo de novela tiene sus orígenes en la literatura francesa del siglo XII. Aparece por primera vez en la obra del escritor champañés Chrétien de Troues (hacia 1159-1190), cuyas novelas, o romans son largas narraciones en verso que narran las aventuras de unos héroes, los caballeros de la tabla redonda, que se finge que existieron en el lejano tiempo del rey Arturo, personaje completamente fabuloso pero que, gracias a leyendas y mentiras de algunos historiadores, se creía que había reinado en Bretaña en el siglo VI de nuestra era..
La materia de Bretaña fue acogida y adaptada en la literatura de España y a partir del siglo XIII empieza a aparecer traducciones. En el siglo XVI aparecen novelas de caballería originales, fruto de la imaginación de escritores españoles. Entre las más importantes están El libro del caballero de Dios, también llamado El caballero Cífar y El amadís de Gaula, que tuvo un enorme éxito...
A lo largo del siglo XV aparecen también narraciones de aventuras de caballeros que retratan con gran fidelidad la sociedad y las costumbres de aquella época, apartando todo elemento fantasioso. La más importante es el Tirant lo Blanch, escrito en calalán por el valenciano Johanot Martorell y es condiderada un antecedente del Quijote...
El entusiasmo por los libros de caballerías fue general en la España del siglo XVI y entre los lectores había gente de toda condición, desde analfabetos que se deleitaban oyéndolos leer, a lectores cultos como Santa Teresa de Jesús, San Ignacio de Loyola, el emperador Carlos V o Lope de Vega...
La lectura de los libros de caballerías impresionó de tal modo a determinados lectores, que llegaron a creerse que la ficción era historia verdadera. De ahí a la locura hay solo un paso, y hay noticias de muchos casos en que personas reales llegaron a perder el juicio leyendo libros de caballerías. sic.

domingo, 9 de enero de 2011

El Quijote

Despues de las vacaciones de Navidad empezamos la segunda parte del Quijote con ganas y entusiasmo. Quiero participar de las aventuras de los protagonistas de este gran libro.

martes, 4 de enero de 2011

EL LIBRO QUE CAMBIÓ MI VIDA


Hola, feliz año a todos y a todas.

El pasado día 21 de diciembre de 2010, terminamos la primera parte del Quijote. Ya se que es un poco tarde para este escrito, pero entre las fiestas, la pereza y otros quehaceres no me han dejado alimentar este blog que sigue latiendo.

La lectura de la primera parte del Quijote nos ha dejado buenos momentos en el último trimestre del 2010 sobre todo en la tarde de los martes. El grupo sigue compacto y creo que ha habido una o ninguna deserción.

Han sido tardes interesantes, donde cada miembro ha expuesto lo que le ha parecido más relevante. Desde los que no se han enganchado, hasta los que les ha cambiado la vida. Con respecto a esto último es lo que quería transmitiros. Un libro, ¿Puede cambiar la vida?

El último día de tertulia, una de nosotros afirmaba: “pocos libros han cambiado mi vida, y éste, después de leer la primera parte es uno de ellos. Pienso y vivo de otra manera después de leer este libro, ha pasado de ser uno de los libros que he leído a ser: “el libro”. Os podéis imaginar el revuelo que originó tal afirmación: Unos le preguntaban que cómo le había cambiado: para bien o para mal, otros decían que no era posible, otros que se explicase, otros que al mismo don Quijote por leer libros de caballerías cambió su vida …

Ante tal revuelo, quisiera saber vuestra opinión ¿Puede cambiar un libro la vida del que lo lee? Si vuestra respuesta es que sí, ¿Qué libros os han cambiado la vida?

Dejo estas preguntas en el aire (o en la red) esperando vuestras respuestas.

lunes, 3 de enero de 2011

Labrador soy,
Sancho Panza me llamo,
casado soy,
hijos tengo y de escudero sirvo.

Aunque soy rústico,
mis carnes tienen más de algodón que de esparto.
Si hablo mucho,
más procede de enfermedad que de malicia;
más quien yerra y se enmienda
a Dios se encomienda.

Más aunque pobre,
soy cristiano viejo y no debo nada a nadie,
y si ínsulas deseo,
otros desean cosas peores, y cada cual es hijo de sus obras;
y debajo de ser hombre
puedo venir a ser papa, cuanto más gobernador de una ínsula.

No son todos los tiempos unos,
ni están los hombres siempre de un mismo humor.

Después que bajé del cielo,
y después que desde su alta cumbre miré la tierra y la vi,
tan pequeña,
se templó en parte en mí la gana que tenía tan grande
de ser gobernador.

¡Oh sol, con ayuda del hombre!, a ti digo
que favorezcas y alumbres la oscuridad de mi ingenio.

De aquí a Cardaya,
si el caballo se cansa y el gigante se enoja,
tardaremos en dar la vuelta media docena de años,
y ya ni habría ínsula, ni ínsulos en el mundo que me conozcan.

Así que, yendo días y viniendo días, el diablo, que no duerme
y que todo lo atasca…
más vale salto que mata que ruego de hombres buenos.

Más vale un TOMA que dos TE DARÉ.

Ana Vadillo Gómez

jueves, 23 de diciembre de 2010

El poder de la lectura

Leyendo el Quijote, sus cuentos, sus frases que con pocas palabras dicen tanto, he tenido sentimientos encontrados de risa y llanto a la vez y he quedado mirándome hacia dentro, un poco "tocada" o podríamos decir que el libro a ejercido sobre mí un poder de "encantamento". A partir de ahora no será un libro más que he leído, será El Libro.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

¿Quién ha de ser?

El amparo de doncellas,
el defensor de las damas,
asombro de gigantes,
el vencedor de batallas
¡Don Quijote de la Mancha!

El que a pillos y a presos defendió
y que hasta con molinos luchó
y algún muerto, sin su entierro dejó.

El que injusticias veía
por cada parte que iba.

Pero Don Miguel con él
no se portó nada bien,
pues en su camino puso
grandes doncellas y damas,
pero Don Miguel no quiso,
no le dejó a Don Quijote
a ninguna "disfrutalla".

Solo metió Don Miguel en su cabeza
una moza pobre y fea,
¡labradora era!
que como tan lejos estaba,
Don Quijote tampoco pudo "disfrutalla".

Que vida la de Don Quijote
¡Don Quijote de la Mancha!
andar por los caminos,
por los caminos de España
sólo con su locura
y el amor de Sancho Panza.

Esperanza