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Un espacio para compartir las actividades que realizamos unos cuantos locos por la lectura.



miércoles, 26 de enero de 2011

¿Quién llamó simplicidades las ocurrencias de Sancho Pancha?
Mirad algunas, entre las incontables “lindezas” del personaje, que he recopilado en el Quijote

Labrador soy, Sancho Panza me llamo, casado soy, hijos tengo y de escudero sirvo.
Los escuderos de los caballeros andantes estamos sujetos a mucha hambre y a mucha ventura, y aún a otras cosas que se sienten mejor. ¡Así se me vuelvan las pulgas de la cama! Pues a fe mía que no sé leer.
Yo soy caritativo de mío y tengo compasión por los pobres
Tan gentil temeroso soy yo de Dios como cada hijo de vecino.

Tanta alma tengo yo como otro y tanto cuerpo como el que más, y tan rey sería de mi estado como cada uno del suyo: y siéndolo, haría lo que quisiere; y haciendo lo que quisiere, haría mi gusto; y haciendo mi gusto, estaría contento; y en estando uno contento, no tiene más que desear, acabose, y el estado venga, y a Dios y veámonos, como dijo un ciego a otro.

Quiero que sepáis, amigos, que la gente baldía y perezosa es en la república lo mismo que los zánganos en las colmenas, que se comen la miel que las trabajadoras abejas hacen.

Si hablo mucho, más procede de enfermedad que de malicia; mas quien yerra y se enmienda, a Dios se encomienda.
Soy quien “júntate a los buenos, y serás uno de ellos”, y yo soy de aquellos “no con quien naces, sino con quien paces” y de los “quien a buen árbol se arrima buena sombra le cobija”.

Más aunque pobre, soy cristiano viejo y no debo nada a nadie, y si ínsulas deseo, otros desean cosas peores, y cada cual es hijo de sus obras; y debajo de ser hombre puedo venir a ser papa, cuanto más gobernador de una ínsula.

Así que, yendo días y viniendo días, el diablo, que no duerme y que todo lo añasca… más vale salto de mata que ruego de hombres buenos.
¡Oh sol, con cuya ayuda el hombre engendra al hombre!, a ti digo que favorezcas y alumbres la oscuridad de mi ingenio.

Érase que se era, el bien que viniere para todos sea, y el mal, para quien lo fuere a buscar.
Tiene el miedo muchos ojos y ve las cosas debajo de la tierra, cuanto más encima del cielo.
Yo soy hombre pacífico, manso, sosegado. Retirémonos con gentil compás de pies, y, como dicen, váyase el muerto a la sepultura y el vivo a hogaza. Que quien busca el peligro perece en él.
El retirar no es huir, ni el esperar es cordura, cuando el peligro sobrepuja a la esperanza.
Bien predica quien bien vive, y yo no sé otras tologías.
Antes se toma el pulso al haber que al saber.
Más vale un toma que dos te daré.
No son todos los tiempos unos, ni están los hombres siempre de un mismo humor.
¡Cuerpo de mí! ¿Tan encubierta estaba la causa de mi dolor, que ha sido menester decirme que me duele todo aquello que alcanzó el palo? El mal ajeno de pelo cuelga.
Una golondrina sola no hace verano.
Para preguntar necedades y responder disparates no he menester yo andar buscando ayuda a vecinos.
Yo confieso que para ser del todo asno no me falta más de la cola.

martes, 25 de enero de 2011

ORÍGENES DE LOS LIBROS DE CABALLERÍAS

Los libros de caballerías son unas narraciones en prosa, generalmente de gran extensión, que relatan las heroicas aventuras de un hombre extraordinario, el caballero andante, quien vaga solo por el mundo, luchando contra toda clase de personas o monstruos y por unas tierras lejanas y exóticas casi siempree. Otras veces, al mando de un ejército, vence ejércitos de paganos o de naciones extrañas. Esta especie de superhombre, por lo común, lucha contra el mal, pero su afán por la aventura es también una necesidad vital y un anhelo por demostrar al mundo su valía. Su vida está llena de sacrificios que son ofrecidos a una dama, para poder conseguir su amor.
Este tipo de novela tiene sus orígenes en la literatura francesa del siglo XII. Aparece por primera vez en la obra del escritor champañés Chrétien de Troues (hacia 1159-1190), cuyas novelas, o romans son largas narraciones en verso que narran las aventuras de unos héroes, los caballeros de la tabla redonda, que se finge que existieron en el lejano tiempo del rey Arturo, personaje completamente fabuloso pero que, gracias a leyendas y mentiras de algunos historiadores, se creía que había reinado en Bretaña en el siglo VI de nuestra era..
La materia de Bretaña fue acogida y adaptada en la literatura de España y a partir del siglo XIII empieza a aparecer traducciones. En el siglo XVI aparecen novelas de caballería originales, fruto de la imaginación de escritores españoles. Entre las más importantes están El libro del caballero de Dios, también llamado El caballero Cífar y El amadís de Gaula, que tuvo un enorme éxito...
A lo largo del siglo XV aparecen también narraciones de aventuras de caballeros que retratan con gran fidelidad la sociedad y las costumbres de aquella época, apartando todo elemento fantasioso. La más importante es el Tirant lo Blanch, escrito en calalán por el valenciano Johanot Martorell y es condiderada un antecedente del Quijote...
El entusiasmo por los libros de caballerías fue general en la España del siglo XVI y entre los lectores había gente de toda condición, desde analfabetos que se deleitaban oyéndolos leer, a lectores cultos como Santa Teresa de Jesús, San Ignacio de Loyola, el emperador Carlos V o Lope de Vega...
La lectura de los libros de caballerías impresionó de tal modo a determinados lectores, que llegaron a creerse que la ficción era historia verdadera. De ahí a la locura hay solo un paso, y hay noticias de muchos casos en que personas reales llegaron a perder el juicio leyendo libros de caballerías. sic.

domingo, 9 de enero de 2011

El Quijote

Despues de las vacaciones de Navidad empezamos la segunda parte del Quijote con ganas y entusiasmo. Quiero participar de las aventuras de los protagonistas de este gran libro.

martes, 4 de enero de 2011

EL LIBRO QUE CAMBIÓ MI VIDA


Hola, feliz año a todos y a todas.

El pasado día 21 de diciembre de 2010, terminamos la primera parte del Quijote. Ya se que es un poco tarde para este escrito, pero entre las fiestas, la pereza y otros quehaceres no me han dejado alimentar este blog que sigue latiendo.

La lectura de la primera parte del Quijote nos ha dejado buenos momentos en el último trimestre del 2010 sobre todo en la tarde de los martes. El grupo sigue compacto y creo que ha habido una o ninguna deserción.

Han sido tardes interesantes, donde cada miembro ha expuesto lo que le ha parecido más relevante. Desde los que no se han enganchado, hasta los que les ha cambiado la vida. Con respecto a esto último es lo que quería transmitiros. Un libro, ¿Puede cambiar la vida?

El último día de tertulia, una de nosotros afirmaba: “pocos libros han cambiado mi vida, y éste, después de leer la primera parte es uno de ellos. Pienso y vivo de otra manera después de leer este libro, ha pasado de ser uno de los libros que he leído a ser: “el libro”. Os podéis imaginar el revuelo que originó tal afirmación: Unos le preguntaban que cómo le había cambiado: para bien o para mal, otros decían que no era posible, otros que se explicase, otros que al mismo don Quijote por leer libros de caballerías cambió su vida …

Ante tal revuelo, quisiera saber vuestra opinión ¿Puede cambiar un libro la vida del que lo lee? Si vuestra respuesta es que sí, ¿Qué libros os han cambiado la vida?

Dejo estas preguntas en el aire (o en la red) esperando vuestras respuestas.

lunes, 3 de enero de 2011

Labrador soy,
Sancho Panza me llamo,
casado soy,
hijos tengo y de escudero sirvo.

Aunque soy rústico,
mis carnes tienen más de algodón que de esparto.
Si hablo mucho,
más procede de enfermedad que de malicia;
más quien yerra y se enmienda
a Dios se encomienda.

Más aunque pobre,
soy cristiano viejo y no debo nada a nadie,
y si ínsulas deseo,
otros desean cosas peores, y cada cual es hijo de sus obras;
y debajo de ser hombre
puedo venir a ser papa, cuanto más gobernador de una ínsula.

No son todos los tiempos unos,
ni están los hombres siempre de un mismo humor.

Después que bajé del cielo,
y después que desde su alta cumbre miré la tierra y la vi,
tan pequeña,
se templó en parte en mí la gana que tenía tan grande
de ser gobernador.

¡Oh sol, con ayuda del hombre!, a ti digo
que favorezcas y alumbres la oscuridad de mi ingenio.

De aquí a Cardaya,
si el caballo se cansa y el gigante se enoja,
tardaremos en dar la vuelta media docena de años,
y ya ni habría ínsula, ni ínsulos en el mundo que me conozcan.

Así que, yendo días y viniendo días, el diablo, que no duerme
y que todo lo atasca…
más vale salto que mata que ruego de hombres buenos.

Más vale un TOMA que dos TE DARÉ.

Ana Vadillo Gómez